El reinado de Pedrita Parker

Mientras Peter Parker dejaba la cámara a un lado para convertirse en Spiderman, ella se dedicaba a pintar sobre los manteles del restaurante de sus padres. De esa unión. De pintura en manteles, de hombres araña y superhéroes nació Pedrita Parker.

“Pedrita Parker está inspirado por mi superhéroe preferido, que siempre ha sido Spiderman” Este original nombre responde a la marca personal de Estefanía Martínez, una malagueña de 29 años que hace “diseños con mucho amor y poca vergüenza”. Así nacieron La Reina Peca, su personaje más conocido. “Naciste para reinar. ¡Y lo sabes!” o “Yo nací para brillar como una RockanRollestár” son algunas de las frases de esta particular heroína pelirroja a la que acompañan La Reina Madre y, desde hace poco tiempo, un amigo muy malagueño, El Rey Pelón. “Son personajes que beben de lo cotidiano. Intento siempre que sean buenas ilustraciones, en el sentido que sean personajes que transmitan, porque creo que detrás de una buena ilustración siempre hay una buena historia”, afirma Estefanía.

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Láminas, tazas, chapas, espejos y libretas son ejemplos de los productos que se venden en la tienda online (Pedrita Parker), aunque también se pueden encontrar en Oh My Cool, Happy Ideas, En Tonos Pastel (Asturias), Animal’s Market de Madrid y en Málaga en Librería Luces y Artesano.

Con presencia en Twitter, Facebook o Instagram, lo que roba le roba más tiempo tras acabar sus diseños, es el tiempo que pasa Estefanía en las redes sociales. “Me atrevería a decir que prácticamente un 50% de mi tiempo se lo dedico a la gestión de las redes sociales y a contestar emails”. Considera que es muy importante escuchar al público, saber lo que te demanda y conocer sus necesidades mucho mejor.

Con el propósito de mezclar música y cine, sus diseños han salido de la red para protagonizar la exposición “Mixtape” en la cafetería El Último Mono. “Las ilustraciones se dividen en tracks o pistas de audio que remiten a la música que sirve de apoyo en la escena”. Escenas de las películas Big fish, Lost in translation, Karate kid o El club de la lucha, con el particular toque de Pedrita Parker, se pueden ver hasta el 12 de mayo mientras se disfruta de un café o un zumo. Además, la exposición está vinculada a una lista de reproducción de Spotify para que, si el espectador quiere, pueda ir escuchando la música que acompaña a las ilustraciones que, por otro lado, están a la venta en la tienda online de la marca.

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Estefanía Martínez controla una empresa en solitario. Además del tiempo que dedica a dibujar y gestionar las redes sociales, ha de preparar los envíos, realizar los presupuestos y contestar a todas las peticiones de los clientes de manera muy cercana, como a ella le gustaría ser tratada. Nadie dijo que fuese fácil. Pero, cuando la magia y alegría de Pedrita Parker llega a sus destinatarios, todo son halagos y buenas palabras hacia Estefanía. Y eso es lo que la convierte en algo parecido a una heroína. Una heroína como la Reina Pecas o su querido Spiderman.

Alicia Matas (@Aliciaamatas)

Loewe cara a cara

Elena Medel y Antonio Lucas (CanteraSur)

Elena Medel y Antonio Lucas. Córdoba y Madrid. ‘Chatterton’ y ‘Los Desengaños’. Diferencias entre ella y él. Para que venga la poesía y los salve. Ella, ganadora del XXVI Premio Fundación Loewe a la Creación Joven. Él, Premio Internacional de Poesía Loewe 2013.

En la Irlanda del pasado, existían escuelas de poetas. Ahora, esas escuelas ya no existen. Ya no se escribe de patrones o de guerras. Todo ha cambiado. Las niñas ya no quieren ser princesas. Los niños no quieren ser futbolistas. La “generación perdida” se ha encontrado. Y lo ha hecho a través de las palabras. Ellos son un buen ejemplo.Hoy, con motivo de la celebración del Día Internacional del Libro, Elena Medel y Antonio Lucas se enfrentan a un particular cara a cara.

ELENA MEDEL

Libro favorito: “Poeta en Nueva York”, de Federico García Lorca.

Primer poema que escribió: No lo recuerdo, claro. Imagino que algún intento en el colegio, es probable que por mandato de la profesora.

Un sueño por cumplir y un sueño cumplido: En ambos casos, por motivos diferentes, trabajar en lo que me gusta.

Canción favorita: Depende. Casi siempre es “Love will tear us apart”, de Joy Division. O “La Javanaise”, en la versión que canta Gainsbourg.

Película favorita: “Cléo de 5 a 7″, de Agnès Varda. “Arrebato”, de Iván Zulueta.

Momento del día: La media de tomate y aceite de oliva con pizquitos de jamón en el bar de al lado de la oficina.

Ciudad favorita: Me gustó vivir en Madrid y me gusta vivir en Córdoba. Me gustan, a base de visitas, otras ciudades: Barcelona y Málaga y Sevilla, y Zaragoza y A Coruña, y París por la mitomanía.

Un libro que recomendar: “La traductora de incendios”, de Isabel García Mellado, que acaba de publicar Valparaíso.

Primer libro que compró: Tampoco me acuerdo. De pequeña coleccionaba los que publicaba SM en la colección El Barco de Vapor.

Un recuerdo del día del libro: Aquel Día del Libro no era 23 de abril, no sé bien la fecha, pero me regalaron una antología de la Generación del 27, y ahí empezó todo.

ANTONIO LUCAS

Libro favorito: ‘Una temporada en el infierno’, de Arthur Rimbaud.

Primer poema que escribió: La memoria no me alcanza a tanto y el pudor me impide recordarlo. Tendría 13 o 14 años.

Sueño por cumplir: Dos o tres que no se han cumplido.

Sueño cumplido: Vivir del periodismo.

Canción favorita: ‘All mine’, de Portishead.

Momento del día: La noche.

Película favorita: ‘Casablanca’.

Un libro que recomendar: ‘Alexis o el tratado del inútil combate’, de Marguerite Yourcenar.

Primer libro: ‘Jim Boton y Lucas el maquinista’.

Un recuerdo del día del libro: Ninguno. ¿Qué día dices?

Alicia Matas (@aliciaamatas)

Hijos del monzón

Camboya, Tailandia, Filipinas o Indonesia. Partes. En total, cuarenta y ocho. Cuarenta y ocho países que forman un todo: Asia. Junto con Europa, considerada la cuna de la civilización. Territorio en constante cambio. Territorio que, actualmente, está aprendiendo a salir adelante, a sacar a sus habitantes de la miseria. Pero no todo lo que rodea a Asia es felicidad. La desdicha sigue presente en la vida de los asiáticos. Tifones, huracanes, guerras y dictaduras. El Monzón no es sólo un viento. “Lo es todo en Asia, da la vida y la quita” explica el autor y son ellos, sus supervivientes, sus testigos, los protagonistas de esta historia.

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Una de las principales características del reportero es acudir allí donde se produce la noticia. Llegar de inmediato, conocer la historia de primera mano y darles voz a los desconocidos. Contar historias. Pero, si el periodista quiere que su relato merezca la pena, tiene que confiar en su curiosidad. Salir a la calle. Ver qué hay ahí fuera, donde todo está en continuo movimiento y dejar de lado la comodidad de la redacción. Y además, volver. Analizar los cambios y la evolución, rebuscar en viejos cuadernos y releer historias de ayer, saber qué ha sido de las personas que fueron protagonistas tiempo atrás y contar, por fin, el final de una historia. ¿Qué fue de ellos?

Dinamismo y fuerza. Estos dos adjetivos definen de manera exacta la obra Hijos del monzón. Un libro con sustancia. Un libro dedicado a los más frágiles y vulnerables: los niños. Diez capítulos. Diez historias desgarradoras con nombre y apellidos. En todas ellas, los más pequeños, privados de todo tipo de libertad y alegría, se ven en la obligación de enfrentarse a la dura realidad que se dibuja ante ellos.

Quizá una de las historias más desoladoras es la que abre el libro. Vothy es el nombre elegido para relatar la historia de esta niña de cinco años enferma de sida. Sin embargo, Vothy sirve como ejemplo para ilustrar la vida de numerosas mujeres en Phnom Penh, corazón y capital de Camboya, que durante años simbolizó el turismo sexual en Asia. El pasaje muestra la entereza de la pequeña en el hospital ruso, último hogar para cientos de enfermos terminales. Vothy. La niña del vestido rosa. La fortaleza y la garra, sus señas de identidad.

David Jiménez pertenece a ese reducido clan de reporteros que regresa cuando todos han decidido abandonar. Que posee la capacidad de construir primorosos relatos y que sabe cuidar el detalle al máximo, aunque para ello no necesite forzados recursos estilísticos ni tenga que recurrir a florituras.

Si algo caracteriza a la prosa del corresponsal de El Mundo en Asia, es su capacidad de proyectar en la mente del lector aquellos lugares, personajes y gestos que está contando. Es muy fácil situarse en Filipinas, en las montañas llenas de basura e inmundicia. Basura que se convierte en el sustento económico de familias como la de Reneboy, un muchacho de piel oscura. Tiene diez años pero aparenta tres menos.

Además, el escritor y periodista consigue adentrarse en uno de los países más oscuros, herméticos y desconocidos de Asia: Corea del Norte o La Oscuridad, como él prefiere llamarlo. Es el turno de la aventura de Kim. De nuevo aparenta menos edad de la que debería tener. Ello no le impide huir de Corea del Norte a China. Huir en un peligroso viaje desde el país de la desesperanza y el miedo a un lugar en busca de alimento para su familia. Escapar de una dictadura en la que Kim Jong-un “es el único gordo en un país de famélicos”.

Cuarenta y ocho territorios en diez historias. Hijos del monzón supone viajar al corazón de Asia. Un viaje de la mano de estos diez pequeños luchadores que bien hubiesen preferido perderse en el laberinto de ‘Alicia en el País de las Maravillas’ que hacerlo en esa sociedad que les arrebata la voz.

Alicia Matas (@aliciaamatas)

Una librería donde no hace falta mirar los precios

Si les digo: 1×3, 2×5 y 5×10, ¿qué les parece? No, no son multiplicaciones en la pizarra de un colegio. Ni tampoco los deberes de un niño de ocho años que recién está aprendiendo a multiplicar. No tiene nada que ver con las matemáticas, aunque a priori lo parezca. Muy al contrario, está relacionado con el mundo de las letras. No entienden nada, ¿verdad? Les explico. Re-Read es el nombre de una librería low cost, en la plaza del Teatro, que sigue una fórmula muy sencilla: Se pueden llevar un libro por tres euros, dos por cinco euros y cinco por diez euros.

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Carmen Ocaña y su hija María. Pedagoga y Trabajadora Social. Madre e hija son las encargadas de poner orden entre narrativa, poesía, teatro, arte o música. El día a día es el de una librería normal, sin olvidar que la normalidad no define a Re-Read. Atender a los clientes, comprar a los vendedores que pueden hacerlo en la propia librería o, si prefieren no moverse de casa, ellas acuden a su propio domicilio para comprar los libros siempre que haya un número suficiente de ejemplares para ello, el trabajo de limpieza, preparación y clasificación, junto a la atención al público son las actividades fundamentales.

La originalidad de esta librería también se refleja en sus secciones. Los libros están clasificados en categorías especiales como: Apasionado, curioso, ecónomo, emotivo, empedernido, goloso o tímido. Así, cada lector podrá elegir atendiendo a sus propias cualidades.

Dos problemas a los que se enfrentan, sin embargo, son la falta de oferta cultural en la ciudad y el escaso hábito de lectura por parte de los jóvenes. Aunque afirman que la gente joven se encuentra entre la clientela habitual, en el caso de los que no leen, Carmen y María los animan a que se pasen por la librería “para que el precio de los libros no sea un freno. Libros de calidad a buen precio, un ambiente muy amable, buena música, espacios para hojear los libros, la frescura de la librería…Seguro que se animan.”

Esta innovadora apuesta por la lectura a precios bajos cuenta ya con ocho franquicias en España. Barcelona fue la primera en lanzarse a la piscina, a la que siguieron Madrid, Málaga y, próximamente, Vigo.

Ahora, lo que se lleva es leer y re-leer. Ya lo decía Pío Baroja “Cuando uno se hace viejo, gusta más releer que leer”.

 

Qué: Librería de segunda mano a precios bajos donde, además de comprar, podrás vender tus libros.

Cuánto: 1 libro (3€), 2 libros (5€) y 5 libros (10€)

Dónde: Plaza del Teatro, 6 (Málaga)

Cuándo: Lunes a Viernes de 10:00 a 14:30 y de 16:30 a 20:30. Sábados de 10:30 a 14:00 y de 17:00 a 21:00

+ Información: www.re-read.com y en Twitter @ReReadMalaga

Alicia Matas (@aliciaamatas)

Sin título

¡Que comience la aventura!

Decían que Alicia, el conejo y el laberinto no eran más que un cuento de niños. Yo no creo que haya cuentos para niños ni niños hechos para los cuentos. Los cuentos son, como tal. Son como cualquier historia, para adelgazar las noches y engordar los insomnios y las madrugadas y viajar, sin moverse de la silla, la cama, el asiento del coche o la sala de espera del dentista. Son aquellas historias que te leían antes de dormir. Eso que escuchabas mientras se te cerraban los ojitos, pero tú siempre pedías que acabara, que el príncipe besara a la princesa, que Alicia no regresase del país de las maravillas. Y que no se le ocurriese a nadie saltarse páginas o inventarse el final, que tú, sin saber leer, podías contar el cuento de memoria.

Cada relato marcaba el inicio de algo grande. Servía para que, entre otras cosas, todas las noches te fueses a dormir con miles de preguntas, incógnitas y dudas. Para que pensases. Pero lo más importante era aprender: los cuentos llevan de la mano una moraleja, la cuestión era ponerla en práctica.

Y, a medida que ibas creciendo, esos cuentos lo hacían contigo. Ya no te los leían a la hora de irse a la cama, ya podías leerlos tú. Algunos eligieron ser sus protagonistas y, otros, creyéndose con la capacidad de hacer soñar a los demás, decidieron escribirlos.

Escribir trae consigo salir a la calle, observar, escuchar, asombrarse, anotar y leer. Buscar a los protagonistas, un arranque, un nudo y un desenlace, tal y como son los cuentos. Describir aventuras, historias de lugares fascinantes, conocer a gente que hace de la vida algo grande. Eso es escribir.

Creces soñando. Sueñas, como te enseñaron los cuentos a soñar. Imaginas que alguien te hace un hueco en el que poder expresarte y que otros te lean. Llega ese día y sonríes, porque las oportunidades se merecen más de una sonrisa. Es el momento de trabajar, de guardar bajo llave los lamentos, de pensar que hay que ser mejor, siempre mejor que uno mismo.

Hemos venido a contar lo que pasa ahí fuera. Hacerse pequeño y grande a la vez, sintiendo el orgullo que se siente con las buenas historias, sin olvidar la pena de las malas. Por lo tanto, ¡paren las rotativas! O, mejor pónganlas en marcha. Comienza la aventura.