exprimir

Exprimir cada centavo

Hace unos días inauguré este blog con un artículo sobre cómo la industria del cine, sigue estancada en la década de los 80, por miedo a perder público, o lo que es lo mismo, dinero.

Este nuevo post sigue, en cierta forma, esa línea, pues si bien no hablaré sobre los continuos remakes y secuelas de películas antiguas, sí lo haré sobre esa tendencia a explotar una idea que funciona. Ambos comportamientos, se basan en lo mismo, tratar de reducir las pérdidas y aumentar al máximo las ganancias.

Todo esto surge a raíz de un noticia que vi hace poco en Twitter. Según parece, varios fans de la saga de Harry Potter, han decidido crear una web en la que todo el que lo desee puede asistir a las mismas clases que el mago interpretado por Daniel Radcliffe. Este “Hogwarts virtual” tiene incluso su examen de acceso (que vendría a sustituir al sombrero seleccionador), y una vez dentro, los alumnos tendrán que asistir a clase e incluso hacer varios trabajos. Sin duda, este página no tiene nada que envidiar a la escuela creada por J. K. Rowling.

hogwartsonline

Captura de www.hogwartsishere.com/

Esta es una iniciativa creada por y para fans. Sin embargo, desde la propia industria también han surgido muchos intentos por seguir sacando provecho de la franquicia. Muestra de ello es el musical que se hará sobre la película y que, previsiblemente, se estrenará el próximo año, o la nueva trilogía que prepara la Warner sobre Animales fantásticos y dónde encontrarlos, un libro también de J. K. Rowling y que constituye un spin-off de las novelas de Harry Potter.

Pero la cosa no termina aquí. A estos nuevos proyectos hay que sumarle todo el merchandising (DVD, Bluray, videojuegos, ropa,…) generado con los antiguos y que persigue la noble intención (nótese la ironía) de añadir más ceros a la cuenta corriente de Rowling, y los chicos de Hollywood.

Por supuesto, la saga del mago de la cicatriz no es el único caso, pero sí es uno de los más representativos. Estos libros consiguieron convertir en lectores a un gran número de adolescentes que hasta ese momento tenían cosas mejores que hacer que coger un libro; esos mismos adolescentes siguieron comprando las novelas y yendo al cine, durante los diez años que duraron las aventuras de Potter (¿eran necesarios siete libros u ocho películas para contar esa historia?).

El problema llegó el 15 de julio de 2011, cuando se estrenaba la segunda parte de Harry Potter y las reliquias de la muerte (el libro correspondiente se publicó, en una parte, en julio de 2007). ¿Qué harían después de ese día todos esos fans? Fue en ese momento cuando empezaron a aflorar todas esas películas basadas en novelas que seguían el camino marcado por Harry Potter.

A partir de ese momento, comenzaron a llegar películas que seguían el mismo patrón: publicación de un libro que se convierte en best-seller, estreno de una adaptación al cine que arrasa en taquilla, salida al mercado de miles de productos relacionados con la cinta, publicación de una segunda parte y vuelta a empezar. Así ha sido durante mucho tiempo (y el que queda), solo basta con mirar cualquier día la cartelera para encontrarse con un Los juegos del hambre, Cazadores de sombras Divergente, aunque la estrategia no siempre funciona y puede que el proyecto no pase de la primera película, sirva como ejemplo Soy el número cuatro (D. J. Caruso, 2011).

Para acabar este artículo, toca mirarse al ombligo. Mientras escribo esto, leo que Telecinco emitirá una escena exclusiva de Ocho apellidos vascos (Emilio Martínez Lázaro, 2014), sin duda el mejor ejemplo de ese tipo de cine que tenemos en nuestro país. Gracias a una enorme campaña publicitaria, Mediaset ha conseguido que miles de españoles vayan a ver su película, convirtiéndola en la cuarta más taquillera de nuestro cine, solo superada por Avatar (James Cameron, 2009), Lo imposible (J. A. Bayona, 2012) y Titanic (James Cameron, 1997).

Angelica Button

A cualquier fan de Los Simpsons le habrá resultado familiar y es que está sacado de un episodio (Treinta minutos sobre Tokio, Temporada 10, Capítulo 23), en el que la familia acude a un seminario para aprender a ahorrar y a sacar el máximo jugo al dinero. Creo que no hay mejor frase para resumir lo que aquí digo que esa.

Pero esta serie también tiene su propia crítica a este tipo de cine y literatura con el personaje de Angelica Button (Harry Potter), la protagonista de unas novelas creadas por T. R. Francis (J. K. Rowling). El verdadero reproche esta comercialización de la cultura, y con esto termino, llega cuando la autora le dice lo siguiente a Lisa, una de sus muchas fans incondicionales (The book job, Temporada 23, capítulo 6):

Todos los libros que tanto os gustan a los niños se conciben en salas de juntas, los argumentos se basan en estudios de mercado, los textos se escriben en oficinas llenas de filólogos empastillados, ansiosos por trabajar.
Las editoriales se embolsan las ganancias y los confiados niños compran 10 libros al año de su autor favorito.