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‘Gabo’ y el séptimo arte: la Fundación del Nuevo Cine Latinoamericano

Sin duda, la gran noticia de hoy es la muerte de Gabriel García Márquez, probablemente el mejor escritor latinoamericano de los últimos años. Durante los próximos días, todos los medios, se llenarán de textos sobre ‘Gabo’, alabando su obra y, en algunos casos, criticando su ideología socialista. Pero como este no es un blog sobre literatura ni política, sino sobre cine, he decidido enfocar esta especie de homenaje hacia la vertiente cinéfila del escritor.

La relación del colombiano con el séptimo arte va más allá de las adaptaciones de sus obras al cine, unas adaptaciones que nunca terminaron de gustar al escritor y a su público, debido a la complejidad de sus textos, plagados de profundos personajes y tramas demasiado enrevesadas.

Fue de joven, cuando su abuelo le llevó a ver una película de los hermanos Lumière, cuando comenzó a enamorarse del cine, según Pepa Blanes en CadenaSer. A partir de ese momento, García Márquez dedicó parte de su vida a su nuevo amor, sin embargo las cosas no siempre salieron como él esperaba: como crítico, no gustó a las grandes distribuidoras y productoras, y como guionista siempre acababa defraudado con el resultado final, lo que a la larga le llevaría a dejar de escribir libretos. Pero el colombiano también se puso detrás de las cámaras y en 1954 dirigió, junto a sus amigos Álvaro Cepeda Samudio, Enrique Grau Araujo y Luis Vicens, el corto La langosta azul.

En medio de todo esto, ‘Gabo’ se embarcó en uno de sus proyectos más ambiciosos, la Fundación del Nuevo Cine Latinoamericano (FNCL), creada en 1985 por el Comité de Cineastas de América Latina (C-CAL) y de la que fue presidente hasta su muerte.

La FNCL se define a sí misma como una ‘entidad cultural [...] creada con el propósito de contribuir al desarollo e integración del cine lationamericano’ y entre sus funciones se encuentran la promoción de largometrajes y cortos, la participación en rango de coproducción en el desarrollo de películas y el fomento de la docencia y la investigación. Por esta última se creó, paralelamente a la FNCL, la Escuela Internacional de Cine y Televisión (EICT), en la que impartiría clases el mismo Gabriel García Márquez con un curso titulado “Cómo se cuenta un cuento: taller de guion”, en el que el escritor volcaba su admiración hacia los grandes libretistas del cine, entre ellos Cesare Zavattini, uno de sus mayores ídolos y con el que estudió guion en el Centro Sperimentale Di Cinematogradia di Roma, donde conocería a Fernando Birri y Julio García Espinosa, que después serían fundamentales para la creación de la Fundación del Nuevo Cine Latinoamericano.

En sus más de 25 años de vida, la FNCL ha realizado una encomiable labor por fomentar y unir el cine latinoamericano y cubano (el gobierno de Fidel Castro fue uno de los máximos impulsores de esta iniciativa), apoyando los nuevos talentos y dando visibilidad a las producciones de los países miembros, gracias a su presencia en varios festivales de cine, muchos de ellos al otro lado del océano. Aunque su trabajo no solo se limita al ámbito audiovisual, la Fundación también ha publicado varios libros sobre la propia institución, pero también de otros ámbitos de la cultura, como Laberinto de amor: antología poética 1991-2007, de Edmundo Aray, una recopilación de poemas de varios autores del sur de América.

Actualmente, la Fundación del Nuevo Cine Latinoamericano es una de las mayores instituciones de este tipo de todo el mundo y cuenta, según datos propios, con 3884 directores adscritos y 6377 películas de todos los géneros y países.

Foto principal: Fundación del Nuevo Cine Latinoamericano