blancanieves

Ni fueron felices ni comieron perdices

La Cenicienta, Blancanieves, Caperucita Roja,… todos hemos leído uno de estos cuentos o, en su defecto, visto su adaptación cinematográfica. En nuestra retina está la imagen del apuesto príncipe, la malvada reina o la bella joven, sin embargo, esta no es la versión original de estas historias. Por alguna extraña razón, alguien pensó que edulcorando los cuentos quedarían mejor, y por una razón aún más extraña, funcionó.

Muchos de estos relatos proceden de historias de transmisión oral que diversos autores se encargaron de registrar, con el fin de que no se perdiesen. La mayoría de estos escritores aportaron su propia visión del cuento, muchas veces para darle un enfoque más moralista y didáctico, y poco a poco, revisión a revisión, el cuento sufrió un cambio radical.

De esta forma, el príncipe no escogió a Cenicienta porque el zapato fuese de su talla, sino porque ella fue la única que no hizo trampa. En la versión original, las hermanas intentan que su pie coja en el zapato y para ello no dudan en cortarse un dedo o parte del talón, algo que nota el príncipe por lo que no las acepta. Más tarde en la boda, las aves se lanzan a por ellas y le comen los ojos.

En el caso de La Sirenita, Ariel cambia su voz por una poción que le permita caminar, hasta aquí la historia original y la de Disney coinciden, el problema surge cuando la protagonista se toma la pócima. En el cuento de Andersen, cada vez que Ariel da un paso siente como si estuviese caminando sobre trozos de cristal, aunque ella aguanta el dolor para tratar de conseguir el amor de su príncipe, el problema es que él no piensa lo mismo y termina casándose con otra.

Aún peor es el caso de La bella durmiente. En esta ocasión, el príncipe conoce a la joven antes de que despierte, de hecho, lo hace cuando llega a su casa y, después de llamar y no encontrar respuesta, decide allanarla. En ese momento es cuando encuentra a la chica inconsciente en la cama, oportunidad que decide aprovechar para abusar sexualmente de ella.

La protagonista despierta nueve meses después cuando da a luz a unos gemelos. En ese momento aparece el príncipe que enseguida se enamora de ella, algo que es correspondido. El problema es que él ya está casado, y cuando la princesa se entera decide matar a la bella durmiente y sus hijos y dárselos de comer a su marido. Afortunadamente no lo consiguió.

Princesas Disney en versión zombie. Autor: Witit Karpkraikaew

Princesas Disney en versión zombie. Autor: Witit Karpkraikaew

Pero estas no son las únicas historias que han sido cambiadas drásticamente. La lista es mucho mayor. Blancanieves es otro de estos casos, aunque el cuento original y el de Disney son bastante similares hasta que llega el cazador, es a partir de aquí cuando surgen las diferencias: en ambos casos, la reina le ordena conseguir el corazón de la chica, pero él se ve incapaz de hacerlo y le manda el de un animal; también en ambos casos el final es el mismo y los dos protagonistas se casan, pero en el relato original los novios deciden vengarse e invitan a la boda a la reina para hacerla bailar con zapatos de acero candente.

Tampoco Pinocho se ha librado de esta revisión. La primera versión mostraba al niño de madera mucho más travieso y problemático, hasta el punto de conseguir que detengan a su padre Geppeto por creer que había abusado de él, e incluso mata a Pepito el Grillo, su conciencia.

Mucho más gore es el caso de Caperucita Roja. La historia ha ido pasando por diferentes manos que la han ido modificando hasta llegar a dejarla como la conocemos hoy. Como todo cuento popular, tenía diferentes versiones: algunas contaban cómo Caperucita se comía la carne y bebía la sangre de su abuela, en una especie de ritual satánico; otros hablaban de una victoria absoluta del lobo, al comerse a la niña y su abuela; y algunos incluso apuntaban a posibles relaciones de zoofilia.

Mirándolo con el prisma actual, resulta extraño que unos cuentos infantiles tengan semejantes elementos sangrientos, pero lo realmente desconcertante es el hecho de pensar cómo alguien (muchos se remontan a los hermanos Grimm, no es algo de Disney, pero sí son sus películas las que más arraigo tienen) pudo pensar que una historia con sangre, mutilaciones, sexo,… podía ser apta para menores. Y es que, en esencia, los cuentos que nos han llegado y los originales son muy similares, salvo que donde allí había sangre, aquí hay besos.

Foto principal: loscuentosinfantiles.com