Columnismo en tres asaltos

Columnismo en tres asaltos

Desde que decidí embaucarme en la carrera el grado de periodismo, estoy disfrutando de los pequeños placeres que me brinda esta profesión. Asistir a conferencias, mesas redondas o debatir ciertos temas en clase, se han convertido en una máxima en mi día a día. A tenor de esto, a comienzos de año pude acudir a un congreso de esos que te hacen apreciar la grandeza del periodismo, en los que solo puedes abrir los ojos y afinar el oído intentando captar lo máximo posible. Bajo mi punto de vista, había dos motivos para la realización de estas jornadas: el acercamiento de los columnistas más influyentes de nuestro país a los alumnos de periodismo de la UMA, y el brindar un homenaje al egregio Manuel Alcántara, quien cumplió 86 años ese mismo viernes.

Por allí pasaron periodistas y escritores, todos ellos habidos de la escritura más selecta, pero a la vez la más afilada a la hora de opinar sobre nuestra actualidad. Como si de intrépidos juglares se tratasen, estos profesionales nos deleitan a diario con sus cantos vertidos en tinta negra que impregnan los amaneceres.

Fue un inolvidable espectáculo ver las discrepancias de opinión que manifestaban en ciertas ocasiones estos escritores. Porque todos ellos, acostumbrados a defender o criticar ciertos hechos a diario, querían expresar sus divergencias o avenencias en un cuadrilátero del que los jóvenes periodistas allí presentes éramos espectadores. Temas como el tener que pasar por una redacción para poder ser columnista, el intrusismo de los escritores en la columna o el vetado de comentarios en las webs de medios, se convirtieron en completos campos de batalla, donde unos y otros se enfrentaban, con respeto, ante la atónita mirada de todos nosotros.

Y si me permitís, aprovechando que no tengo ante mí las miradas de David Gistau, Arcadi Espada o Manuel Vicent, personajes capaces de amedrentar al mismísimo Pedro Abelardo, me tomo unas líneas para expresar mi opinión:

¿Debería un columnista haber pasado antes por una redacción? Las verdades absolutas no existen y es por ello que tenemos casos de buenos columnistas que antes han sido reporteros, o de otros tantos que se han iniciado en ello sin haber tocado antes ninguna otra sección. Las redes sociales avanzan y nos otorgan ejemplos como el de Juan Soto Ivars, aunque como decía Jesús Nieto, quien toca otros frentes juega con la ventaja que le confiere la experiencia, como al Diablo, que sabe más por viejo que por macho cabrío.

¿Se puede considerar intrusistas en el columnismo a los escritores? Ángela Vallvey, quien no gozó de buena fama en la sala por un desacertado comentario, cito al gran Clint Eastwood al decir que “las opiniones son como los culos, todo el mundo tiene uno”. Opinar, de forma más o menos acertada, lo puede hacer cualquiera, pero escribir… ay amigos, eso es otra canción. Un periodista, al igual que un escritor, es alguien que cuenta historias, y si ambos saben opinar, ¿qué diferencia hay?

Finalmente, el tema del vetado de comentarios en las webs de los principales medios, que tan mala fortuna le trajo a Vallvey, fue muy bien defendido por Ignacio Camacho. Este hizo hincapié en la necesidad de erradicar todo comportamiento violento para con alguien, porque como siempre se ha dicho, la libertad de uno termina donde empieza la de otro, por muy columnista que sea.

No puedo concluir sin mentar la ponencia del columnista al que iba dedicado este congreso: Manuel Alcántara. Sus palabras resonaron ante un abrumador silencio que manifestaba el profundo respeto que todos los asistentes teníamos por él. Era la voz de la sabiduría, de los “whiskis” de medianoche y de los épicos combates de boxeo, la que nos contaba su historia y la de otros tantos, como Larra o Umbral. Junto a él, tomaron parte de este festín de sapiencia el profesor Teodoro León Gross y el director Jose Luis Garci entre otros.

Juan Cruz mencionó en honor al hombre que cuenta las gaviotas: “Los periodistas que escribimos en prensa deberíamos mirar cómo circulan las gaviotas antes de matar a las palomas”.