‘Absolute Ex Machina’

Absolute Ex Machina

Ex Machina ha sido uno de los pocos cómics que tras leer su última página me ha dejado con la sensación de haber estado presenciando una impactante obra teatral, cuyo final cierra elegantemente todos los arcos argumentales. Ex Machina, que además de haber estado nominada nueve veces en los premios Eisner se hizo con dos galardones durante los seis años que duró su publicación bajo el sello Wildstorm (2004-2010), nos sitúa en EEUU entre los años 1999 y 2008 aproximadamente. Allí, conoceremos la vida de Mitchel Hundred, tanto su faceta de héroe como de alcalde de Nueva York.

Lo primero que debemos conocer para entender la obra, es el significado de la expresión “Deus Ex Machina”, algo que podemos leer en la primer página del cómic, donde dice:

“Deus ex machina: Literalmente, ‘dios sale de la máquina’. Una persona o fuerza que llega para proporcionar una solución improbable a una situación imposible, expresión que proviene del artilugio mecánico usado por los dramaturgos griegos para hacer descender sobre el escenario a los actores que interpretaban deidades”.

Absolute Ex MachinaCon este término, se hace referencia a los clásicos momentos en los que “algo” prácticamente imposible intercede en una situación aparentemente perdida, dando como resultado un drástico cambio de la historia. Basándose en este hecho, Brian K. Vaughan utilizó dicho término para denominar a su obra, aunque eliminó la palabra dios de la ecuación para poder hacer uso del doble significado que ahora aportaría, ya que el héroe de esta novela gráfica es conocido como “La Gran Máquina”, por lo que todas sus intervenciones serían ajenas al transcurso real de los acontecimientos, y por otra parte, al haber abandonado dicha vida para hacerse alcalde, se ha convertido en Ex Machina (Ex Máquina).

Hablo de hechos reales debido a que su autor no ha querido crear un universo totalmente ficticio u obviar sucesos importantes que se han dado, sino que se aprovecha de ellos para encauzar su historia como si de un “What if” de la vida real se tratase, algo que se conoce bajo el término ucronía. La primera viñeta con la que nos tomamos nada más comenzar la historia, es con una imagen de La Gran Máquina desviando un avión Boeing 757. Inmediatamente a continuación, en la siguiente página, vemos a Mitchel Hundred reflexionando sobre su vida con dicha ilustración enmarcada tras él, sirviendo sus palabras de introducción para conocer su mandato como alcalde de Nueva York desde principios de 2002 hasta el “desgraciado” 2005, aunque la siguiente página nos lleve a 1976, donde conoceremos su afición por los cómics y se nos presentarán a varios secundarios, entre los que encontramos a Kremlin, un amigo de la familia. Una página después, volvemos a ver a Hundred, aunque en esta ocasión el año será el 2002, ejerciendo ya como alcalde de la mencionada ciudad.

Como podéis observar, en solo cinco páginas se ha hecho un reiterado uso del flashback y del cliffhanger, ambos son dos recursos literarios que en manos de un buen guionista pueden sumergir al lector o espectador totalmente en la obra, “obligándole” a sentir la imperiosa necesidad de continuar leyendo toda la novela para poder conocer el desenlace final que dará respuesta a las diferentes preguntas que vayan apareciendo. Si bien es cierto que el excesivo uso de dichos elementos suele incomodar a muchos lectores, he de decir que Vaughan sabe dotar magistralmente a su obra de constantes flashbacks sin llegar a crear confusión, teniendo en un principio simplemente la función de ir aportando detalles para conocer mejor al héroe, y terminando con la explicación de todas las incógnitas que habían ido apareciendo.

La historia en sí nos cuenta la vida de un joven ingeniero llamado Mitchel Hundred, quien tras sufrir un accidente al acercarse a un “extraño” objeto, recibe la habilidad de poder comunicarse a su antojo con las máquinas, pudiendo manipularlas a su voluntad. De esta forma, es capaz de apagar las luces de una habitación simplemente diciendo “luces fuera” o de hacer que una bala se encasquille a su orden. Este poder le hará plantearse interferir en los sucesos de su alrededor, para lo que contará con la ayuda de dos amigos, Kremlin y Bradbury, quienes se encargarán de velar por el héroe, ya que en un principio solo cuenta con un jetpack y un casco de piloto (algo que nos recordará inevitablemente a Rocketeer), por lo que la gran mayoría de intervenciones terminan en situaciones bastante desastrosas.

Absolute Ex Machina

Tras ver su desarrollo como héroe, decide desvelar su identidad y presentarse a las elecciones para alcalde de Nueva York, ya que estima que podrá hacer mayor bien con el uso de su intelecto en lugar de sus poderes. Pese a que decide no estar ligado a ninguno de los dos grandes partidos políticos americanos (republicanos y conservadores), su notoriedad crecerá de forma exponencial tras su incursión en un hecho que marcó un antes y un después en la historia de EEUU.

Con esta premisa, Ex Machina plantea contarnos la vida política del alcalde de una de las ciudades más importantes del mundo, teniendo el aliciente de ir enlazando constantemente con la anterior vida de este como héroe, la cual iremos conociendo en forma de flashbacks. Aun así, el tema político es la base de cada arco argumental, donde vemos como actúa Hundred ante situaciones tales como el racismo, el uso de drogas, el matrimonio homosexual, etc. Por lo que tal vez esta parte puede hacerse algo pesada para todos aquellos que deciden mantenerse al margen de la política y de sus entresijos, aunque a favor de ello diré que los continuos cambios de tiempo y de acción hacen que la mezcla de temas sea muy bien llevada. Por otro lado, también iremos conociendo diferentes sucesos que se dan en esta gigantesca ciudad, entre los que no faltan atentados, psicópatas y hechos extraños, los cuales nos irán embaucando hacia una historia secundaria que se irá mostrando de forma sutil, hasta conocer su desenlace en la parte final del cómic.

Absolute Ex MachinaSobre el desarrollo de la obra, decir simplemente que Vaughan ha realizado un excelente trabajo, prueba de ello han sido las múltiples nominaciones a los Eisner que ha recibido.  Aun así, como es lógico, una obra de semejante envergadura suele tener altibajos en diversos momentos, y Ex Machina también los sufre, aunque estos se hacen notar al comienzo de la segunda mitad de la historia (casualmente cuando Vaughan estaba trabajando en el guion de a serie Perdidos). Pero no os alarméis, porque la parte final recupera con creces la calidad inicial y termina con un climax apoteósico, dotando así a la obra de una calidad media sensacional.

Añadir también en cuanto al desarrollo del guion, la aparición de los dos creadores de la obra dentro del propio cómic, concretamente en el número 40, haciéndose pasar por ellos mismos, los cuales se presentan a una entrevista de trabajo en la alcaldía, cuyo final tiene un toque humorístico bastante peculiar.

En cuanto al dibujo, este es realizado por Tony Harris, sobre quien ya hablé en la primera parte de este artículo. Personalmente su estilo me ha resultado muy acertado para los hechos que en ella se van narrando, y si bien es cierto que en los primeros números las ilustraciones no plasman muy bien el movimiento, según vamos avanzando en la obra su trabajo se va perfeccionando en gran manera, acompañando así la ilustración al climax final.

En cuanto a esta edición Absolute que Norma Editorial ha publicado en España, no puedo más que elogiar su excelente calidad. Se compone de dos tomos de que contienen 1.384 páginas bajo un gran formato (20,5×31,3cm), lo que nos permite disfrutar plenamente de cada viñeta sin perdernos ningún detalle, algo muy a tener en cuenta en esta obra. Como su propio nombre indica, esta es una edición definitiva, por lo que contiene todo lo referente a Ex Machina, no solo los 50 números que componen la obra en sí, sino también los cuatro especiales que aparecieron a lo largo de su publicación, los cuales se han añadido tras el número en el que aparecieron.

Mención especial también merecen los excelentes extras que acompañan a cada volumen en su parte final, teniendo el primero en su haber numerosos artículos escritos por el propio Vaughan, entre los que se incluyen fotografías de los modelos reales en los que se basaron para crear a los personajes, y el segundo diversas ilustraciones sobre la obra. Ambos tomos se encuentran protegidos por sobrecubiertas a color, y a su vez, por una caja de cartón ilustrada que los envuelve y los mantiene unidos.

Sinceramente, Ex Machina es una serie difícilmente comparable con otras, ya que mezcla magistralmente dentro de un trasfondo político la vida de un superhéroe. Y es este soplo de aire fresco lo que la convierte en una serie muy a tener en cuenta por cualquier lector de cómics “curtido”, al que estoy prácticamente seguro de que no le defraudará.